Historia de los Fosfolites

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Historia de los Fosfolites

Antes de nada, deciros que estoy en plena disposición de mis facultades. No me drogo, y el médico no me receta ya ni Miolastan.

Aclarado esto, quiero contaros la Historia de los Fosfolites.

Me encontraba yo limpiando los cristales de mi casa, bueno, una de las dos ventanas que tengo, jajajja, y tuve que poner bastante énfasis en unos regalitos de algún pájaro/ametralladora que me había decorado la ventana.

Entonces pensé: El cristal se recicla, y esas ventanas tienen unos diez años, ¿qué fueron antes???

Dado que el cristal es un compuesto mineral, en su primera vida fue tierra, minerales, no? De esto ya me informaré.

El caso es que intenté imaginar qué otras vidas habrían podido tener mis ventanas.

Seguramente, cuando se formó la tierra, allá en el….ni se sabe ( bueno los señores de la dos sí lo saben), los meteoritos del espacio acosaban a nuestro planeta impactando contra él, haciendo cráteres y extinguiendo bichitos. Pues en uno de esos misiles peregrinos espaciales venía recogido todo el material del que hoy he decidido escribir. Mis ventanas.

Pasaron otra pila de años…y tachán!! El material erosionado de una montaña fue transportado por la lluvia a un río donde, casualidades de la vida, se asentaban unos hombres que no conocían la depilación láser y que pescaban felizmente cuando uno pensó:

-” Necesitamos barro para hacer cuencos!!”

¿Cómo llegó a esa conclusión?, Supongo que los cuencos de piedra se estaban pasando de moda, y los madera no eran muy higiénicos…

Así que, este hombre peludo, bueno no!, esa mujer peluda, que sentia la necesidad de crear algo con su maravillosa inteligencia y aburrida de las rutinarias tareas cavernícolas, se metió en la orilla del río (como estopa), y se llenó las manos con fango arcilloso maleable y húmedo. Al rato se dió cuenta que al secar endurecía, y de este modo aprendió a mojarlo y modelarlo de la forma que su mente le iba sugiriendo. Como las mujeres somos muy prácticas, pues fabricó menaje del hogar. Un precioso recipiente ovalado que recordaba a medio melón. Un aplauso señores a las mujeres inventoras!!!

Oh! desde ese momento todos quisieron hacer cuencos, platos, ollas a presión…eso más tarde.

Aquel utensilio sería el primer fosfolite de mi historia, el Fosfolite útil. Como era el primero tenía cosas que mejorar y el pobre fue muy famoso en el poblado, todos hablaron de él durante años, pero pronto se rompió lleno de frutas maduras que lo humedecieron y resquebrajaron. Quedó olvidado en el bosque, enterrado bajo hojas y ramas, hundido en la tierra fértil y mezcado con organismos que descomponían su forma. Fué efímero y fundamental. Su vida tuvo un sentido y murió feliz.

Otro mogollón de años después, alguien recogía miel en… en la península en la que nos encontramos hoy, aunque no especifico coordenadas porque lo de los mapas no estaba inventado, y de repente zasca!!, una picadura en una mano!!! qué dolor , qué dolor, una mujer en un armario!!!, corrió ese hombre a bajarse del árbol del que colgaba la colmena de afanosas abejitas y con poca claridad intentó pensar qué hacer?  Rapidamente recordó algunos consejos de medicina curandera de cuarto y se dispuso a desenterrar barro húmero con el que formar una cataplasma. Con la mano hinchada volvió a su casita de piedra y le dijo a su Mari que le acabara de curar. Sorprendentemente el barro hizo una labor curativa casi inmediata y después de sacar el aguijón, poco quedaba de la hinchazón. La Mari, le limpió el barro y con el agua este se fue diluido al huerto que rodeaba la casa. Allí volvió a morir olvidado. Su vida y obra fue sanar al herido y volver al polvo eres y en polvo te convertirás.

Bonita historia la del Fosfolite sanador

Muchos siglos mas tarde, (aquí si alguien quisiera hacer la película de mi historia yo pondría la sintonía de erase una vez la vida), andaba uno pensando, y pensando, y dijo:

-“Voy a por tierra de topo que es muy buena para los tiestos y me hago un parterre en la ventana!” (siempre he querido utilizar la palabra parterre)

Y salió a la era y se vino con un saquito de tierra oscura y removida, de nuevo era la protagonista de la historia, ya véis, es que cuando está de ser, está de ser!

Tan lindo la cuidó aquel hombre que durante años brotaron perfumadas flores de temporada, cada año unos bulbos distintos él plantaba, y con amor, agua y charla (que a las plantas les gusta que les hablen) esa tierra entregó todos sus nutrientes, dió todo lo que llevaba dentro, hasta que se olvidaron de abonarla y la lluvia no pudo alcanzarla. Tuvo una vida larga, llena de cuidados, llena de frutos, llena. Y murió feliz en aquel parterre porque su vida le consumió de forma amable. Era el Fosfolite madre.

Ya hace poco, alguien construyendo edificios, encontró ruinas de alguna edificación humilde tras la excavación de un solar, como no tenía valor arquitectónico se continuó con la obra y se llevó el material extraído a una planta de tratamiento de áridos. Allí el material arenoso se mezcló con algunos compadres más y fue mandado a una empresa que fabricaban cristales para ventanas. En un almacén frío esperaba ese cristal a ser vendido, soñaba con formar parte de un gran edificio, uno público tal vez, que la fachada que lo sostuviese se colmara de fotografías de turistas admirando su belleza… Pero no. Llegó, también por casualidad a la que sería mi casa. Y aquí ando yo limpiándole las cagadas de las palomas, porque creo que aunque no esté en un gran edificio se merece ser un Fosfolite Feliz y limpito.

Y fin.

 

 

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